¿La solución a la contaminación marina?

Boyan Slat tiene 19 años y una técnica para eliminar la mitad del plástico de nuestros océanos, millones de toneladas, en 10 años, dice. Tras construir y probar el primer prototipo, asegura que funciona, y John Kerry, secretario de Estado de Estados Unidos, y el primer ministro de Holanda ya se han reunido con él. Parece una idea loable, pero de bombero: limpiar de plástico todos los océanos de la tierra. Más aún si quien lo firma es un joven de 19 años que pretende utilizar un aparato de propia creación.

 

The Ocean Cleanup es un proyecto liderado por Boyan Slat, holandés nacido en Delft en 1995, que consiste en limpiar los océanos mediante una serie de barreras flotantes, ancladas al fondo marino, en las que el plástico se acumularía gracias a las corrientes marinas. Una plataforma alimentada al 95% con energía solar lo extraería después, y finalmente se llevaría a tierra para ser reciclado. El sistema, asegura Slat, podría eliminar en 10 años la mitad de esa basura sin perjudicar a la fauna marina. Costaría además 33 veces menos que los métodos convencionales, los cuales tardarían siglos en hacer el mismo trabajo.

Actualmente existen cinco islas de plástico en el mundo, atrapadas en las cinco corrientes oceánicas: el Pacífico Norte y Sur, el Atlántico Norte y Sur, y el Índico. Se estima que la del Pacífico Norte mide 1.400.000 km2, y expertos de las universidades de Delft y Hawaii han calculado que en 2020 habrá 7,25 millones de toneladas de dicho material (hoy 6,4 toneladas) flotando en los océanos, el equivalente a 1.000 torres Eiffel.

Boyan Slat cuenta: «Todo empezó durante otras vacaciones, precisamente en Grecia, con mis padres. Estaba buceando, y el mar estaba lleno de plástico… ¡Había más bolsas que peces! De regreso a Holanda una idea me obsesionaba. Me di cuenta de que la gente nunca dejaría de tirar plástico a los mares, y que por esta razón la educación y prevención solas no valían. El plástico del mar tenía que poder limpiarse de alguna manera».

Con motivo de un trabajo en el instituto, Slat comenzó a investigar. «Me di cuenta de que podía haber una alternativa. En vez de ir a por el plástico, podíamos esperar a que viniera a nosotros gracias a las corrientes marinas. Barreras flotantes lo atraparían y concentrarían, y una plataforma lo extraería. La vida marina pasaría por debajo, porque es un sistema sin redes», explica.

Fuente:

www.elmundo.es

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