No soy yo, es mi comportamiento

Cuando nuestras acciones no son tan sustentables como nuestras intenciones

Si estás leyendo este artículo, es muy probable que tengas cierto nivel de preocupación por el futuro del planeta y que manejes bastante información sobre las consecuencias ambientales de nuestros estilos de vida y consumo. Sin embargo, si sos como yo, en el momento de tomar una decisión de consumo, tu comportamiento no siempre refleja tu nivel de conciencia ambiental. ¿Cuál será el motivo por el que eso sucede?

El reciente informe de las Naciones Unidas “Consuming Differently, Consuming Sustainably: Behavioural Insights for Policymaking” (“Consumiendo diferente, consumiendo sustentablemente: visiones comportamentales para la formulación de políticas”) intenta responder a esa pregunta y, para ello, acude a la ciencia del comportamiento. Es que, a pesar de que creemos que nuestras decisiones son el producto de un proceso racional consciente, la realidad no es siempre así. En muchas ocasiones, las decisiones que tomamos están pobladas de atajos mentales y señales inconscientes. Y a la hora de consumir, son estos atajos y señales -y no el precio de los productos, su accesibilidad o calidad- los que “deciden” por nosotros e interponen barreras para la acción concreta.

Una de barreras para ser más sustentables está construida con comportamientos habituales. Se estima que el 40% de las “decisiones” que tomamos son, en realidad, hábitos. Y muchas veces, continuamos con estos hábitos porque, al seguir haciendo las cosas de la misma manera, hacemos un ahorro significativo de esfuerzo mental. La influencia de los hábitos es tan poderosa que los mantenemos aun cuando sabemos con certeza que estos pueden tener consecuencias negativas para nuestra salud, nuestras relaciones interpersonales o nuestro planeta.

Otro de los obstáculos es que, en nuestra vida diaria, no solemos ver las consecuencias ambientales de nuestros estilos de consumo no sustentables. Al no convivir de forma cotidiana con explotaciones mineras o grandes rellenos sanitarios, nuestra mente tiende a concluir que los impactos ambientales de estas actividades no deben ser tan terribles como lo hacen parecer los grupos ambientalistas.

La energía, que suele considerarse como un recurso invisible, es el caso paradigmático de esta situación de “ojos que no ven, corazón que no siente”. En los grandes aglomerados urbanos, donde vive la gran mayoría de la población, la energía está relacionada a estaciones transformadoras, caños y cables. Por lo tanto, resulta difícil creer que al planchar estamos emitiendo Gases de Efecto Invernadero o que un kWh puede estar relacionado con la destrucción de un ecosistema.

Otra de las barreras con la que nos encontramos es la dificultad de continuar con acciones más sustentables en el mediano plazo. Clasificar residuos que antes disponíamos todos juntos, leer detenidamente las etiquetas de los productos para elegir la opción más “verde” o pagar más por productos orgánicos son actividades que requieren invertir tiempo o dinero. Y, a pesar del esfuerzo, no recibimos ninguna señal de que nuestras actitudes producen un cambio.

Finalmente, hay que considerar que somos animales sociales y que nuestro comportamiento está influido por pares y grupos. Esta condición también nos da una excusa.  Cuando este entorno inmediato no tiene comportamientos de cuidado ambiental, nos cuesta salirnos de la manada y diferenciarnos. En otras palabras, “si ellos no lo hacen, ¿por qué lo voy a hacer yo?”.

Sin embargo, a no desesperar, todo lo anterior se puede modificar. De acuerdo a los casos mostrados en el informe, promover campañas de difusión que sean sostenidas en el tiempo, hacer que la opción sustentable sea la más fácil de seguir o presentar información ambiental de forma innovadora pueden influir en la modificación de actitudes.

¿Conocés alguna medida que haya logrado alentar a las personas a tener comportamientos más sustentables?

Redacción:

Nancy Lago

Lic. en Gestión Ambiental Urbana, especialista en Ingeniería Ambiental, Master en Energías Renovables.

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Link del informe AQUI